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El manual del ‘lobby’ petrolero, al desnudo: 50 años atacando a las renovables y al coche eléctrico | Clima y Medio Ambiente


En 1967, el Instituto Estadounidense del Petróleo (API, sus siglas en inglés) hacía su pronóstico sobre el futuro del sector del coche en el Congreso de Estados Unidos: “Para cuando un automóvil eléctrico práctico pueda producirse y comercializarse en masa, no disfrutará de ninguna ventaja significativa desde el punto de vista de la contaminación del aire. Las emisiones de los motores de combustión interna se habrán controlado desde hace mucho tiempo”. Evidentemente, la previsión de este grupo que defiende a las grandes petroleras no se ha cumplido y los motores de combustión llevan más de cinco décadas expulsando mortíferos contaminantes y gases que sobrecalientan el planeta. Pero los argumentos contra las energías renovables y los coches eléctricos (que amenazan el próspero negocio de las petroleras) son algo más que pronósticos fallidos o errores de cálculo, forman parte de un manual del lobby europeo y estadounidense de los combustibles fósiles que un informe pone ahora al descubierto.

Esta investigación se une al largo historial que tiene este sector a la hora de sembrar dudas sobre el cambio climático y el papel que tienen el petróleo, el gas y el carbón como alimento principal de esta crisis. Pero añade un capítulo más: el intento por socavar también las alternativas a esos combustibles. API, FuelsEurope y Fuels Industry UK —tres asociaciones que defienden los intereses de Shell, Exxon, Chevron, BP, Totalenergies, Eni y la española Repsol, entre otras muchas petroleras y gasistas— “han abogado sistemáticamente por debilitar, retrasar u oponerse al desarrollo de las energías renovables y los vehículos eléctricos”, señala el análisis realizado por el centro de investigación británico InfluenceMap. “La participación de API en obstaculizar el progreso de las energías alternativas se remonta a 1967″, añade el informe. “La participación de FuelsEurope y de Fuels Industry UK se remonta a 1992 y 2010, respectivamente”.

Lo que han hecho los investigadores, liderados por Tom Holen, director del programa de transición energética de InfluenceMap, ha sido analizar una cincuentena de documentos e intervenciones de estas tres asociaciones en defensa de su negocio ante las Administraciones estadounidenses y europeas. Han descubierto algo así como un manual de narrativas y argumentos para combatir “sistemáticamente la transición de los combustibles fósiles hacia las alternativas”. “Son narrativas empleadas por estas asociaciones a lo largo del tiempo, y que todavía se utilizan hoy en día, para oponerse a las políticas que promueven la electrificación del transporte por carretera y las energías renovables”, recalca Holen a EL PAÍS.

Holen y su equipo han encontrado tres grupos de argumentos comunes utilizados por estas influyentes asociaciones en su trabajo de presión ante los gobiernos. La primera es el “escepticismo sobre las soluciones”. Es decir, minimizar “sistemáticamente el impacto potencial y la viabilidad de las fuentes de energía alternativas”, resalta el informe. Y para ello se “pone en duda su eficacia y se destacan los desafíos y las incertidumbres”.

El segundo punto dentro del argumentario se centra en abogar por la “neutralidad” de las políticas, es decir, el supuesto principio según el cual las administraciones no pueden imponer tecnologías concretas. “Este discurso se utiliza para oponerse a las políticas que promueven únicamente alternativas a los combustibles fósiles”, se apunta en el informe. “En cambio, promueve la elección del consumidor, las soluciones de mercado y una intervención gubernamental mínima”. Por último, el argumentario se completa sembrando dudas sobre la seguridad energética y la falta de acceso del conjunto de la población a las alternativas a los combustibles fósiles. En esta narrativa, la industria destaca la importancia de mantener suministros de energía seguros y accesibles económicamente. Los combustibles fósiles se presentan como centrales para ambas causas, mientras que el cambio a alternativas tecnológicas se enmarca como un riesgo significativo”, señala.

Sin embargo, todo este argumentario choca con la ciencia, en concreto, con lo expuesto por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que lleva más de tres décadas sentando las bases sobre el calentamiento global y las medidas que se deben tomar para que no alcance los niveles más catastróficos. Holen lo resume así: “El IPCC tiene claro que la electrificación de los vehículos ligeros es la solución de descarbonización con mayor potencial, al tiempo que subraya que es fundamental la transición a un sistema energético basado en las energías renovables”. Y añade: “también afirma que la transición a las energías renovables es ampliamente reconocida como una medida crucial para mejorar el acceso a la energía y la diversidad, lo que aumenta la seguridad energética y la resiliencia de todo el sistema”.

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El análisis de InfluenceMap, una organización que centra su labor en rastrear la actividad de las grandes petroleras en todo el mundo y su impacto en la crisis climática, se ha enfocado en estas tres asociaciones (una de EE UU, otra de la Unión Europea en general y otra del Reino Unido). Lo que se buscaba era “obtener información sobre las estrategias colectivas de defensa de los intereses de los combustibles fósiles”, explica Holen. Estas organizaciones en concreto son de los actores “más activos e influyentes” en el sector. Pero, además, hay una razón de acceso a la información, ya que en Europa y EE UU hay una mayor transparencia que en otras regiones y se divulga más sobre los grupos de presión. “Pero es muy probable que las actividades y los mensajes identificados no se limiten a las regiones geográficas analizadas”, advierte Holen.

Este investigador no tiene claro cuál de los tres grupos de argumentos empleados por las asociaciones ha sido más efectivo contra las renovables y la movilidad eléctrica en este medio siglo de mensajes y cabildeos. De hecho, apunta, “se han utilizado sistemáticamente juntas, a menudo complementándose entre sí”. Holen pone un ejemplo: “Restar importancia a la viabilidad de la transición a fuentes de energía alternativas puede combinarse con el énfasis en los posibles impactos en la seguridad energética”.

¿Y qué grado de éxito han tenido estos grupos de presión? “Si bien la transición energética es compleja y está influenciada por muchos factores, parece que la oposición estratégica de largo recorrido a las alternativas a los combustibles fósiles por parte de las asociaciones industriales ha tenido éxito”, apunta el informe de InfluenceMap. “Hemos utilizado varias fuentes para comparar el uso y consumo de combustibles fósiles con el de las energías renovables y la penetración de los vehículos eléctricos en Estados Unidos y Europa”, sostiene Holen. “La evidencia indica que la transición a la energía renovable y los vehículos eléctricos ha sido lenta, lo que destaca la probable efectividad del manual para ayudar a mantener el statu quo”, concluye el coordinador del análisis.

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