La tecnología se cargó la final

Es inevitable recrearse estos días en lo que falló en las semifinales de la Copa del Rey para que la Real no llegara a la final y no hubiera más de 20.000 ‘realzales’ este sábado por Sevilla. Cabrea pensar que en nueve de 10 eliminatorias como la que se dio, con el mismo tipo de partidos en Mallorca y Donostia, se habría clasificado la Real. Sin embargo, parece que se alinearon varios planetas para que fuera el Mallorca el victorioso. Uno de los factores que sirvió de motivación a los baleares fue, por cierto, el gesto que hizo Merino, para celebrar su gol de la victoria en el partido previo de Liga. Se equivocó el navarro porque fue feo, de los que no se deben hacer cuando uno viste la txuri urdin, y porque además dio pie a los bermellones a venir con los ojos inyectados en sangre -ellos mismos lo reconocen- y para que cometieran la misma infamia en Anoeta, tras los penaltis. No obstante, lo que resulta más sangrante pasado mes y medio de aquel partido es considerar que la tecnología y, más en concreto, la racanería de una Federación de Fútbol ahora envuelta en escándalo por la corrupción de sus dirigentes también apartó a la Real de la final. La Real sí marcó el gol que le daba la victoria y le metía en la final de la Copa, pero no se lo dieron por válido. Ni el árbitro, ni el asistente, ni el maldito VAR con su tecnología anacrónica -y no ésa más costosa que determina claramente si un balón ha sobrepasado o no la línea de fondo- supieron o quisieron determinar que el misil de Tierney había rebasado la línea de gol, como luego demostraron los que saben. Dita sea.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *