“El debate no debe ser tecnología en el aula sí o no, sino el cómo se utiliza”

Héctor Ruiz Martín (Barcelona, 1980), director de la International Science Teaching Foundation, donde investiga la memoria y el aprendizaje en ámbitos educativos desde la neurociencia y la psicología cognitiva. También da conferencias sobre el uso de la tecnología en el aula dirigidas a público en general, comunidad educativa y a los docentes

El relatorio que va a impartir lleva por título ‘¿Qué nos dice la investigación sobre el uso de la tecnología en el aula?’. ¿Cuál sería su respuesta?

La respuesta es larga y compleja porque en realidad la pregunta es demasiado amplia. Hay múltiples formas de introducir la tecnología en el aula y la investigación nos dice que lo importante es el uso concreto que le das. En la etapa educativa la tecnología puede ser más o menos oportuna, hay que ver el objetivo concreto que buscas y la tecnología específicamente que usas porque son muchas. En definitiva, si el uso que haces está bien planificado y busca realmente resolver un problema concreto siendo la mejor solución la que te proporciona la tecnología, en ese punto es cuando puede proporcionar beneficios.

Se debate a diario sobre el uso de la tecnología en los jóvenes, principalmente en el ámbito de la enseñanza. ¿Debe de haber pantallas en las aulas? 

La tecnología es una herramienta y aquello a lo que accedemos a través de los dispositivos es bien distinto. No es lo mismo usar el Excel que estar en el Facebook, igual que hay diferencias entre utilizar un aplicativo educativo diseñado para aprender que estar usando cualquier otra cosa. El problema en este debate, que está mezclando el uso de la tecnología en el aula con el uso que se hace fuera de ella, es que no tiene sentido mezclar una cosa con la otra. La tecnología cuando se usa con un propósito educativo bien planteado y planificado tiene un gran potencial. Que de la tecnología se puedan hacer otros usos que no contribuyan a la educación o al aprendizaje, o que incluso nos puedan parecer poco provechosos, eso ya es otra cuestión.

¿Por qué hay personas que no ven viable que la tecnología se integre de forma efectiva y razonable en los procesos de enseñanza?

Muchas veces se introduce la tecnología en la escuela para seguir haciendo exactamente lo mismo que se hacía sin ella. Por ejemplo, sustituir un libro de texto en papel por uno digital que es lo mismo puesto en la pantalla en PDF no tiene sentido ni aporta ningún beneficio, al contrario, puede incluso generar dificultades. Si tu objetivo es aprender a través de la lectura de un libro, mucho mejor que uses uno en papel, porque un dispositivo incorpora dificultades técnicas como que la batería se agota, entre otras dificultades de gestión en el aula. Además, una tecnología si no está bien gestionada y controlada, puede generar distracciones. Esto puede causar ese desapego que se puede ver en la actualidad. La clave es usar la tecnología para extraer de ella el valor añadido que realmente te puede dar, ya que tienes la posibilidad de tener recursos multimedia, vídeos, animaciones… Si tienes un programa o una aplicación que te va a dar interactividad, recibir feedback sobre si lo está haciendo bien, que te dé pistas sobre cómo hacerlo mejor o la posibilidad de simular experimentos y trabajar razonamientos y llegar a conclusiones o la posibilidad de que los alumnos envían al profesorado las actividades y vean si lo están entendiendo y haciendo bien. Eso es lo fundamental. La tecnología te ayuda a desarrollar una evaluación formativa. Ir obteniendo información sobre si el alumnado está aprendiendo para tomar mejores decisiones. 

“El pretender dificultar la posibilidad del desarrollo de la competencia digital en la escuela es tirarte piedras contra tu propio tejado, cuando es el mejor aliado para ayudarte en ello”

En Santiago hay familias de colegios que piden que se elimine el libro digital E-Dixgal y volver al clásico de papel. ¿Cuál puede ser el principal motivo?

No puedo decir cómo se usan en detalle los dispositivos en cada centro educativo, pero estaba informado sobre ello y es verdad que una circunstancia que podría llevar a esa desafección de las familias podría ser que a veces estamos usando la tecnología más allá de lo que realmente es necesario para hacer cosas que podríamos hacer sin ella perfectamente o incluso mejor. Pero eso no quita que nos tengamos que ir al otro extremo y de repente decir que no vamos a usar la tecnología para nada porque entonces nos estaremos perdiendo todas esas posibilidades que comentaba. Según la investigación, no debe ser un debate de tecnología sí o no, sino que debe ser un debate de tecnología cómo. El principal problema es que hay muchos malentendidos que se inmiscuyen en el debate y que de alguna manera hacen difícil podernos centrar en lo importante. 

Hablaban de que las pantallas producían miopía, trastornos del sueño y déficits de atención.

Son cuestionen muy populares, que parecen de sentido común, pero científicamente no tienen ningún fundamento. La idea de que si usas pantallas desencadena en el desarrollo de la miopía no es así. La investigación nos dice que ese defecto de la visión se promueve por el hecho de estar mucho rato fijando la mirada en un punto cercano. Eso significa que, por desgracia, leer en papel también es una de las actividades que promueve su desarrollo. Además de haber un factor genético. Sobre los trastornos del sueño la investigación dice que las tecnologías pueden provocarlos si las usas antes de ir a dormir, no durante el día, en la escuela. Y tampoco la tecnología ha hecho que cambie nuestra capacidad de prestar atención, si bien nos ha dado más distracciones. La escuela es un entorno donde precisamente se trata de hacer un uso regulado de la tecnología e incluso educar en ello. Se trata de que aprendamos a autorregularnos con la tecnología. El pretender dificultar la posibilidad del desarrollo de la competencia digital en la escuela es tirarte piedras contra tu propio tejado cuando en realidad es el mejor aliado para ayudarte en ello.

¿Y los déficits de atención?

Existen esas falsas creencias de que usar la tecnología se traduce en un menor uso de la memoria o que las pantallas en el aula llegar a afectar negativamente en la salud de los niños y su razonamiento y forma de aprender. 

En sus estudios habla de ‘edumitos’ como ideas comúnmente aceptadas sobre la enseñanza y el aprendizaje, pero que carecen de respaldo científico.

Son ideas que intuitivamente parece que tengan que ser ciertas, pero que cuando la ciencia las investiga y las pone a prueba, comprueba que no son así. Nuestra memoria no se puede atrofiar, del mismo modo que tampoco la puedes ejercitar como si fuera un músculo. Y en cambio hay empresas que te venden muchos productos para que lo hagas. Hay que centrar el debate y ayudarnos de la ciencia para ver realmente qué factores debemos tener presentes cuando se trata de usar tecnología sí o no. Si empezamos a introducir dificultades que no son tal, nos estamos, como decía antes, tirando piedras al tejado porque no nos estamos permitiendo llegar a la solución más adecuada.

¿Es importante acercar a la comunidad educativa, docentes y la sociedad en general certezas sobre el uso de las tecnologías y contribuir a una reflexión seria y documentada y basada en investigaciones?

Este es un tema concreto sobre el uso de la tecnología, pero en educación hay muchas otras preguntas que nos hacemos relativas a los objetivos que buscamos, de conseguir que los alumnos desarrollen una serie de competencias de aprendizajes y es interesante que empecemos a tener presente cómo la ciencia y la investigación nos puede ayudar a fundamentar mejor las respuestas que damos a esas preguntas que nos hacemos, aprender a fundamentar mejor algunas de las decisiones que se toman en educación. Por ello hablaríamos de: ¿Qué nos dice la ciencia sobre qué estrategias de aprendizaje son más efectivas? o ¿cuál es la mejor manera de motivar a los estudiantes? Es lo que llamamos la educación fundamentada por la evidencia. Un paradigma al que creo que debíamos ir acercándonos.

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