Los cambios en la delincuencia empiezan a pedir tecnologías de detección de disparos

La noche del 5 de febrero de 2020, poco más de un mes antes de declararse la pandemia, fue muy triste en el barrio malagueño de La Palmilla. Mateo se asomó a su ventana al escuchar ruido en la calle. A pesar de que vivía en un décimo, murió de manera instantánea, cuando una bala perdida le dio en el pecho. El proyectil salió de un Kalashnikov AK-47, un arma de guerra, pero no fue una sorpresa.

Se sabe que en la barriada menos favorecida de la capital de la Costa del Sol se trapichea con drogas desde que existen. Sus 30.000 habitantes lo saben, y aunque la atmósfera reinante no es la que era en los años 80 o 90, sigue siendo una zona sensible para las fuerzas del orden. Que aparezcan armas de grado militar lo hace aún más.

Un problema creciente

El problema es que la tendencia se está extendiendo a más lugares. Si se trata de hemeroteca, en los últimos doce meses ha habido tiroteos con resultado de muerte, heridos de consideración o detenidos en diversos puntos de la geografía española. En julio hubo dos muertos en Albacete en un intercambio de disparos, y en octubre los GEO tuvieron que intervenir en un incidente armado en una zona de copas de Alcalá de Henares. En marzo de este 2024, y frente a una escuela de Badalona, un sujeto recibió tres disparos de un desconocido que huyó del lugar, y en Marbella, van cuatro tiroteos en lo que va de marzo.

Prever un tiroteo no es fácil, pero las fuerzas del orden podrían actuar con mayor premura si dispusieran de sistemas de vigilancia avanzados como hay en otros países. Porque la policía no solo puede vernos, sino también oírnos. De momento, para lo segundo se recurre al buen oído de vecinos, testigos y transeúntes, y no siempre es suficiente.

La tecnología existe, y está en manos de una compañía llamada SoundThinking. Según sus estadísticas, el 88% de los incidentes violentos relacionados con armas nunca son reportados. O hay miedo, o no haya quien lo haga, quien lo confunde con ruidos urbanos. La consecuencia final es que solo uno de cada diez de estos incidentes son atendidos por la policía.

Esa es la razón por la que desde hace más de veinte años desarrollan su tecnología ShotSpotter, que tienen instalada en más de 150 ciudades como Nueva York, Chicago, Miami, Las Vegas y Oakland. El grado de satisfacción de su clientela roza el 100%. El sistema acaba de ser adoptado por la policía de Montevideo, Uruguay, ante una situación en estado rampante.

Una de las claves de su éxito reside en que la compañía no dice donde tiene puestos sus micrófonos. Ni policía ni vecindario conocen la localización exacta de los 25.580 micrófonos sensores distribuidos en suelo estadounidense. El secretismo acerca del posicionamiento es protegido por sus rectores en defensa de su eficiencia, y eludir el vandalismo.

Cada vez que en los reportes de los informativos, o hasta en los guiones de cine o teleseries se oye la frase «han sido oídos disparos en la zona…» es porque con toda seguridad, uno de los dispositivos de seguimiento de SoundThinking y no un ciudadano cualquiera, lo ha detectado.

El software de ShotSpotter escucha las detonaciones, analiza en tiempo real su veracidad, y discrimina los ruidos propios de la actividad humana para determinar que son disparos de arma de fuego. El eco, intensidad, tono, y la huella sonora de las explosiones de pólvora dejan un rastro claro para el sistema. Los expertos acústicos revisan los incidentes en segundos y añaden información táctica, como la presencia de tiradores múltiples o armas automáticas. Los disparos confirmados disparan en segundos una alarma a las centrales de llamadas de la policía, y les aportan unas coordenadas muy precisas de donde han sonado los disparos.

Discriminación muy negativa

Tampoco es un sistema perfecto, y el peso de lo políticamente correcto ha mordido en la yugular de sus responsables. Durante mucho tiempo la ubicación exacta de los sensores se había mantenido en secreto, pero un documento filtrado ha traído un dolor de cabeza a todos. De acuerdo con el documento, los sensores se han instalado en más de mil escuelas e institutos, decenas de vallas publicitarias, hospitales y en más de un centenar de complejos con viviendas sociales. También se encuentran en edificios sensibles de la administración estadounidense, como las sedes del FBI o juzgados.

Según un análisis de la publicación Wired, más de doce millones de estadounidenses viven en barrios con al menos un sensor ShotSpotter. El documento filtrado incluye las coordenadas geográficas de cada micrófono dentro de 84 áreas metropolitanas y 34 estados y hay ciudades con más de 500 de estas orejas electrónicas.

El problema es que se calcula que al menos el 70 % de las personas que viven en barrios en los que hay localizado al menos un micrófono de este tipo son negros o latinos, y de nivel social medio-bajo o bajo. Hay, a criterio de varias asociaciones de derechos civiles, una clara discriminación. Los responsables de la ATF, la agencia federal que controla las armas, defiende una posición lógica: cuando no puedes poner sensores de este tipo en todas partes, pones los que tienes donde estadísticamente son más eficientes y son más proclives a detectar actividad. No se ponen con criterio local, sino de mera eficiencia policial.

A veces fallan. ShotSpotter tiene buen oído, pero hay zonas en las que se han detectado un índice de fallos en sus mecanismos que rozan el 10 %. Un único sensor no suele disparar las alarmas, pero la triangulación entre tres suele ser el patrón más sólido. Si uno de estos sensores falla, los otros dos siguen aportando datos fiables. También hay sospechas de que muchas alarmas son activadas por petardeos de coches, ruidos de construcción o fuegos artificiales.

¿Ha llegado el momento de ponerlos aquí?

Marbella es un gran lugar, una ciudad estupenda en invierno o verano. De siempre se ha sabido que decenas de hampones y gente de la peor calaña se pasea por sus calles, ya sea porque viven en ella, o porque están de vacaciones. Pero muy rara vez han cometido tropelías en la Miami de Europa. De un tiempo a esta parte esto parece estar cambiando, que en ocasiones puntuales si ha ocurrido, está yendo a más.

Entre mafias italianas, las mocromafias norteafricanas, las nórdicas, y los procedentes de países del este, solo este marzo han protagonizado cuatro incidentes donde la pólvora y el plomo han sido el nexo común. En ellos, las armas incontroladas, en muchos casos de grado militar, aparecen más de lo deseado. A lo mejor es el momento de dotar a la zona con un sistema de detección de disparos, y más medios que los acompañen. Nos jugamos la seguridad y tranquilidad de habitantes y turistas.

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