En el Polo Digital recuerdan pocas conferencias con tanta interacción del público. Fernando Domínguez de Pinuaga dijo al principio de su charla que le gusta ser interrumpido y, desde luego, lo fue: le llovían preguntas y comentarios y, al final, tenía cola de asistentes esperando para conocerle. Él no es un ‘youtuber’ ni un ‘gamer’: es vicepresidente de Sandbox AQ, una empresa nacida de X, el laboratorio secreto de Google, que se ha marcado una revolucionaria misión: combinar la tecnología cuántica y la inteligencia artificial para resolver retos de impacto como encontrar la cura para el alzhéimer, adelantarse al cibercrimen del futuro o generar una alternativa a la navegación GPS.

La charla de Domínguez de Pinuaga en el Polo Digital vino a ser su presentación en sociedad en la Málaga tecnológica. El vicepresidente de Sandbox AQ se ha mudado a Málaga hace unos meses: una gran noticia para la Málaga tecnológica, porque viene dispuesto a buscar talento y a trabar conexiones con el ecosistema tecnológico local, incluyendo a la Universidad, a la que quiere abrir su programa de ‘residency’ (periodos de prácticas para estudiantes de doctorado y másteres). En su empresa es muy habitual el trabajo remoto; ellos van a buscar el talento allí donde esté. Y advierte: «Todo lo que se pueda hacer desde Málaga, bienvenido sea. Ojalá tengamos una oficina aquí como tiene Google dentro de unos años, sería un buen signo», aventura el empresario, que es de origen valenciano pero a la hora de volver a España ha preferido afincarse en Málaga por un motivo fundamental: el vuelo directo a Nueva York.

Sandbox AQ ha estado desde sus inicios rodeada de misterio: durante buena parte de su etapa inicial dentro de X ni siquiera se supo de su existencia, y ahora sigue evitando dar cifras sobre ingresos o plantilla; de los pocos números que han trascendido es que levantó más de 500 millones de dólares en una ronda de inversión celebrada en 2022. También se sabe (esto sí les gusta contarlo) que varios pesos pesados de Silicon Valley han apostado por ella, empezando por el cofundador de Google Sergey Brin, que fue el que la fundó como grupo de trabajo secreto dentro de X, y continuando por su CEO Jack Hidary o inversores como el exCEO de Google Eric Schmidt (actual presidente de su consejo), Mark Benioff o Jim Breyer, Thomas Tull, David Siege o Bradley M. Bloom, además de fondos de inversión como Breyer Capital, Guggenheim Investments.

El entusiasmo que ha despertado este ‘spin-off’ de Google entre los inversores no es casualidad: se enmarca en la carrera de inversiones que han entablado las grandes potencias mundiales (con China y EE UU a la cabeza) con el objetivo de llegar a dominar la tecnología cuántica. «La inversión que está destinándose a la computación cuántica a nivel global es de 38,6 billones de dólares, cuatro veces mayor de la que había en inteligencia artificial en 2016. Todos los países con cierto peso están invirtiendo para intentar liderar esta tecnología. China acapara la mitad de la inversión; se han marcado la meta de dominar la cuántica para 2030 porque creen que eso les dará el liderazgo geopolítico. Y EE UU está preocupado porque sabe que le llevan ventaja y está redoblando esfuerzos», explicaba Domínguez de Pinuaga en su charla. Dentro de la UE, España está liderando la apuesta por esta tecnología, y de hecho tiene uno de los primeros ordenadores cuánticos del continente: está en Barcelona, en el Instituto de Física de Altas Energías.

¿Qué tiene la computación cuántica para atraer tanto interés y tanto dinero? En pocas palabras: representa una nueva era de la computación en la que los ordenadores serán capaces de hacer cosas que ahora son inimaginables. Y eso tendrá efectos disruptivos a muchos niveles: en la economía, en la ciencia y también de capacidad militar.

Por su parte, Domínguez de Pinuaga está convencido de que lo que hace su empresa -combinar tecnologías cuánticas con inteligencia artificial- va a cambiar el mundo. La suya forma parte de un selecto club de empresas que están ya desarrollando aplicaciones comerciales para la tecnología cuántica, en su caso no desde el ‘hardware’ (es decir, no busca desarrollar un ordenador cuántico), sino desde el ‘software’. «Desarrollamos aplicaciones de tecnología cuántica combinada con inteligencia artificial que no necesitan de un ordenador cuántico», resume.

Domínguez de Pinuaga resume así la ambición de su compañía: «Sandbox AQ no es una empresa convencional; y no es una ‘startup’. Es una empresa que está marcada para ser la gran líder tecnológica de la siguiente década». A continuación argumenta así su afirmación: «Hace cinco o seis años a Jeff Bezos, en una entrevista muy famosa le preguntaron dónde va a estar Amazon en 2040. Y dijo que para entonces, Amazon no debería existir, porque las empresas líderes de hoy no serán las empresas líderes del mañana. Si miras a las empresas que ahora están en el ‘top 10’ -Google, Meta, Apple- no estaban ahí hace veinte años».

La primera aplicación que empezó a comercializar Sandbox AQ (como un software de suscripción o SaaS) sirve, curiosamente, para defender a los ordenadores convencionales de los cuánticos. Más concretamente, para cambiar los modelos de encriptación actuales y hacerlos invulnerables a los ataques que serán capaces de orquestar en el futuro los ordenadores cuánticos. Esta división de la compañía ya tiene contratos con la DISA (Defense Information Systems Agency) y la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Otra pata de su actividad es la sensorización cuántica, con dos aplicaciones ya operativas: una para desarrollar sistemas de navegación que no dependen de la señal GPS, sino que funcionan con el campo magnético de la tierra. «No es nada nuevo: los pájaros y las ballenas se orientan así en sus migraciones. Lo que nosotros aportamos es la incorporación de la IA para eliminar interferencias», explica Domínguez de Pinuaga. Con magnetómetros, adosados al avión, se enfocan al campo magnético de la tierra, y con IA se eliminan las interferencias. El otro gran campo de acción de la sensorización cuántica es la sanidad. «Hasta ahora para seguir la actividad del corazón se utilizan los electrocardiogramas, que miden las señales eléctricas. Nosotros hemos desarrollado un aparato con sensores cuánticos que monitoriza el campo magnético del corazón; de nuevo, aquí la IA lo que hace es afinar la medición y eliminar interferencias. Lo tenemos ya funcionando en varios hospitales y es sólo el principio: esto mismo se podrá hacer con el cerebro», explica.

También en el ámbito de la sanidad, pero cambiando de tecnología cuántica (de la sensorización a la simulación) se circunscribe su división de simulación molecular biofarmacéutica, AQBioSim, que está ayudando a empresas e instituciones biotecnológicas, farmacéuticas y de investigación a acelerar el desarrollo de nuevos fármacos para el cáncer, el Alzhéimer o el Parkinson mediante la aplicación de algoritmos de inspiración cuántica.

Domínguez de Pinuaga resalta que la llave que está permitiendo a Sandbox AQ hacer todo esto es el «excepcional talento» que está siendo capaz de atraer. «Trabajamos en nuevos modelos de navegación, en acabar con el Alzheimer, en crear nuevos fármacos para salvar vidas, en proteger los datos de los ciberataques del futuro con un nuevo modelo de encriptación. Eso es tremendamente atractivo para profesionales de cierto nivel. Sandbox AQ es un ‘serendipity’ de talentos. Tenemos biólogos, médicos, físicos, gente de IT, ingenieros industriales, gente de negocio. Traemos el mejor talento, les ponemos a resolver grandes problemas y les dejamos hacer. Cuando tienes impacto con buen talento, sabes que vas a ser una de las grandes empresas líderes del mañana», afirma.

«Es un momento efervescente en Málaga»

Saltando del universo cuántico a asuntos más terrenales, Domínguez de Pinuaga se explaya hablando de Málaga, donde se siente «encantado» de haberse instalado en Málaga junto a su mujer -que es americana- y sus hijos. «Todo el mundo ha sido encantador. Ha marcado una diferencia muy grande para nosotros, la verdad. Nos han acogido genial y hemos encontrado una comunidad muy buena de gente de fuera que se está viniendo aquí».

El vicepresidente de Sandbox y ex directivo de Google resalta que Málaga está «en un momento de esos efervescentes, hay un ‘momentum’, una energía, y por eso pasan cosas». «No sé cuánto le queda, si serán tres años, siete o trece. Pero ahora en un momento muy dulce en el que se están viendo muchas tecnologías y en el que hay muy buen talento que se está viniendo», apunta.

Trayectoria

Fernando Domínguez de Pinuaga nació en Valencia y se fue a París a estudiar Ingeniería Industrial. «Sólo me fui porque quería jugar al rugby», confiesa el que llegó a jugar en la selección española de 2003 a 2006. Allí hizo un master en Energía y lo siguiente fue empezar a trabajar para Pemex, la petrolera mexicana. Y estando en México, un compañero del equipo de rugby que trabajaba en Google le animó a llamar a la puerta de la multinacional, que se estaba expandiendo muy rápido en Latinoamérica. «En la entrevista, el ‘country manager’ me dijo que yo no tenía ni idea de publicidad digital. Le dije que no, pero que aprendía rápido», apunta.

Vender anuncios no motivaba a Fernando especialmente, pero en un momento dado encontró la oportunidad de saltar a un proyecto relacionado con la energía: su especialidad como ingeniero. «Me gusta mucho el discurso de Steve Jobs en el que habla de ‘unir los puntos’ [»Connecting the dots«]. Viene a decir que hay cosas que parecen inconexas conforme van pasando, pero en el futuro acaban relacionándose y teniendo sentido», afirma. El siguiente salto fue geográfico: se mudó a San Francisco, donde al cabo de un par de años empezó a trabajar dentro de Google X. Allí dentro conoció al que hoy es su jefe, Jack Hidary, que estaba impulsando un equipo para investigar la conjunción de tecnología cuántica e inteligencia artificial. Aquel equipo dio lugar a Sandbox AQ, uno de los pocos casos de ‘spin-offs’ que ha tenido Google.

¿Qué es la computación cuántica?

Vayamos a la base: ¿qué es la computación cuántica? Hablamos de un paradigma de computación distinto al de la informática clásica, pues se basa en el uso de ‘qubits’, una especial combinación de unos y ceros. Los bits de la computación clásica pueden estar o en 1 o en 0, pero el ‘qubit’ puede tener los dos estados simultáneamente. Esto da lugar a nuevas puertas lógicas que hacen posibles nuevos algoritmos. Esta capacidad de ser una cosa y la otra a la vez -que es lo que hace tan difícil de comprender todo este modelo- se basa en uno los principios fundamentales de la mecánica cuántica, conocido como principio de superposición de estados.

Domínguez de Pinuaga explica que los ordenadores cuánticos no sustituirán a los convencionales, sino que convivirán con ellos y se centrarán en solucionar problemas concretos que son inabarcables para la computación binaria: por ejemplo, el cálculo de mutaciones genéticas, la predicción de los precios de las acciones, la medición de flujos de aire en vuelos hipersónicos o la creación de nuevos materiales.

Una de las principales razones por las que los ordenadores cuánticos no reemplazarán a los actuales es que son muy difíciles y caros de construir. Son máquinas extremadamente sensibles y ahora mismo necesitan unas condiciones muy concretas de presión, temperatura y aislamiento para funcionar sin errores (aunque hay experimentos que están evitando alguno de estos requerimientos, como los ordenadores fotónicos). Los pocos ordenadores cuánticos que existen en el mundo están todavía en una fase experimental. Son inestables, cometen errores y sólo pueden funcionar durante intervalos muy cortos de tiempo. Han exigido inversiones multimillonarias y están en poder de gobiernos y grandes empresas como Google, IBM o Microsoft. Sin embargo, algunos de estas máquinas están abiertas al uso externo; de esta forma, a través de la nube, cualquier empresa puede acceder a la computación cuántica.

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