La relación a tres bandas entre tecnología, salud y sociedad ya no es sólo una cosa de médicos

Este martes, tuvo lugar en Madrid la primera edición del Foro Tecnología, Salud y Sociedad; organizado por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), la Fundación Tecnología y Salud (FTYS) y la Fundación Ortega-Marañón (FOM). Esta actividad se enmarca dentro del plan de acción del pionero proyecto Cátedra Interuniversitaria …

Este martes, tuvo lugar en Madrid la primera edición del Foro Tecnología, Salud y Sociedad; organizado por la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin), la Fundación Tecnología y Salud (FTYS) y la Fundación Ortega-Marañón (FOM).

Esta actividad se enmarca dentro del plan de acción del pionero proyecto Cátedra Interuniversitaria Tecnología, Salud y Sociedad puesto en marcha por estas dichas organizaciones. Es la primera de estas características en España. La sala María de Maeztu, en la Fundación Ortega-Marañón, acogió esta iniciativa pionera e innovadora en el ámbito académico, profesional y científico. En este encuentro, representantes del ámbito federativo, empresarial, político y docente reflexionaron sobre el perfil de los profesionales sanitarios para el siglo XXI y acerca de la relación a tres bandas entre tecnología, salud y sociedad.

Lucía Sala, directora general de la Fundación Ortega-Marañón, destacó que el objetivo de su institución es contribuir a un progreso sostenible del bienestar. La Fundación se constituye como un núcleo de debate transversal para todos los aspectos vinculados con la sociedad, como la investigación y la cooperación, entre otros. Hizo un reconocimiento a todos los profesionales sanitarios que se esfuerzan por incorporar la tecnología a la salud. La idea de la citada cátedra es aportar valor añadido.

Margarita Alfonsel, secretaria general de Fenin, expuso que misión, objetivos y valores encuentran puntos de convergencia interesantes. La organización empresarial aporta a este proyecto los valores de una industria dinámica e innovadora que está a la vanguardia del desarrollo tecnológico y que ofrece respuesta a los retos y necesidades del sistema y de formación continuada de los profesionales sanitarios. Esta alianza permite sumar el conocimiento que se produce en la industria al ámbito académico. “En este entorno de pensamiento y conversación entre todos los actores involucrados en este proyecto de excelencia, tendremos la oportunidad de escuchar a unos ponentes de excepción“, manifestó, en la inauguración del foro. La idea de este primer foro fue reflexionar sobre el perfil de los profesionales sanitarios en el siglo XXI “y cómo dar respuesta a sus necesidades profesionales y formativas“.

En resumen, su mensaje fue claro: “Estrechamos lazos entre el mundo docente con el empresarial y el humanista para poner en valor la nueva relación a tres bandas entre tecnología, salud y sociedad“.

Hizo una introducción Fernando Bandrés, presidente de la Fundación Tecnología y Salud, director del Centro de Estudios Gregorio Marañón de la Fundación Ortega-Marañón y codirector de la Cátedra. “Estamos reunidos en un acontecimiento social y científico. En nuestra vida, los acontecimientos se convierten en nuestro maestro interior“, pronunció. Contó que había que encontrar la pregunta de este primer foro. Una de las preguntas es “¿qué profesionales necesita la Sanidad del siglo XXI?“. Tecnología tiene mucho que ver con técnica, pero no olvidó que estamos viviendo el tiempo de la tecnociencia. Robótica, Inteligencia Artificial, bioinformática, ChatGPT, ciencia ciudadana, etcétera. La ciudadanía accede a los nuevos conocimientos. De la salud, comentó que ha cambiado. El listón está muy alto. Se quedó con la definición de que “la salud es una manera de vivir autónoma, solidaria y golosa“. Una persona sana “es un paciente que no está bien estudiado“. La sociedad es la receptora. No hay más que ver la cantidad de normativa que va ligada a cualquier acto sanitario. Hay un contexto de redefinición de la salud. “Tecnología, salud y sociedad ya no es una cosa de médicos“, avisó. Por ejemplo, mucho tienen que decir los bioinformáticos. La humanización del proceso asistencial sería una cuarta calle. Se entrará en un nuevo tiempo que se podrá llamar “humanismo tecnológico“. En la cátedra desarrollarán valores para que las nuevas generaciones conozcan que no somos propietarios del conocimiento, sino herederos.

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Acto seguido, se desarrolló una mesa debate sobre los profesionales sanitarios en el siglo XXI. Alfonsel partió de una resolución abordada por la OMS por la crisis del personal sanitario entre el período comprendido entre 2023 y 2030. “Nadie puede dudar de que los profesionales son los pilares de nuestro sistema sanitario“, aseveró. Por eso, “su bienestar y desarrollo profesional es responsabilidad de todos“. Enrique Gómez Aguilera, presidente de la Sociedad Española de Ingeniería Biomédica, declaró que “la medicina avanza de la mano de la tecnología“. El ingeniero biomédico trabaja en estrecha colaboración con el profesional sanitario para proporcionar nuevas metodologías. Los ingenieros biomédicos son ingenieros, con habilidades de comunicación. Han de ser creativos, siendo personas con formación científica. Otra de sus tareas es comprender y modelar las funciones corporales y los sistemas fisiológicos. Ha de diseñar igualmente sistemas de ayuda a la decisión (Inteligencia Artificial). Es hoy ya una disciplina muy relevante en medicina. En el fondo, se trata de profesionales interdisciplinares. Estamos en un siglo en el que el cuidado de la salud “se interpreta como interdisciplinar“.

¿Qué necesita nuestra Sanidad en este siglo? Pilar Garrido, jefa de servicio de Oncología Médica. Hospital Universitario Ramón y Cajal, consideró que la profesión médica en los próximos años será muy feminizada, más de lo que es ahora. “Nos forman en la carrera y nos queda claro que tenemos el área asistencial, la docente y la investigadora“, puntualizó. Pero, “una reflexión importante es que tenemos una generación bien preparada, extremadamente competitiva en positivo, aunque muy rápidamente desmotivada y desincentivada“. Lamentó que la figura del médico adjunto puede estar muchos años con contratos temporales y que tiene que haber cierta certidumbre de desarrollo de futuro. El entorno no ayuda porque no depende de la capacidad de uno, sino de que directamente no se ofrece nada. “Nuestra responsabilidad es trabajar por un sistema que ofrezca algo a la generación que viene. Es difícil ilusionarte cuando no ves futuro“, expresó. A su juicio, es muy importante la función de los pacientes, que están en las juntas de las sociedades tomando decisiones, son un actor más. Hay que enseñar a los nuevos médicos un modelo diferente del que se viene.

Rodrigo Gutiérrez, director médico de la Gerencia de Área Integrada de Guadalajara (SESCAM), apuntó que el perfil profesional que deberían tener los profesionales del futuro, aludiendo al documento El médico del futuro, es uno que trate enfermos, no enfermedades. Es decir, personas. Añadió que tenga actitud crítica, que sea comunicador y empático, que tome buenas decisiones para el paciente y para el sistema, que sea líder del equipo, que sea honrado y confiable, comprometido con las personas y con la organización y que viva los valores del profesionalismo. Se refirió a la necesidad de competencias digitales, de genómica, de Inteligencia Artificial y de robótica. Es necesaria la humanización, mirando a los ojos al paciente. Es fundamental levantar los ojos del ordenador. Lo importante no es tener todas las respuestas, sino estar abierto a todas las preguntas. Le pareció que el pesimismo goza de un prestigio intelectual injustificado. Hay que fomentar el profesionalismo, ya que “los profesionales son la principal tecnología para esa humanización“.

Por último; María Inés López-Ibor, catedrática de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid y vicepresidenta de la Fundación Ortega-Marañón, indicó que iba a hablar del corazón. “Cuando hablamos de profesionales sanitarios, pensamos en médicos, Enfermería, etcétera. Pero también serán ingenieros, muchos más“, opinó. Lo que hay delante es un paciente, no un órgano enfermo. Defendió que los psiquiatras son los médicos de la mente. “La medicina hay que entenderla como una parte racional, que está basa en la ciencia, pero que tiene una vertiente emocional, que no podemos perder“, sostuvo. Gregorio Marañón decía buscar al ser humano en la enfermedad. Hablaba a los pacientes de tú a tú. Hay que penar que la medicina en sentido amplio “es una forma de vida y no se puede perder el instrumento nuclear de la actividad clínica “que es la entrevista“, para obtener respuestas a qué es lo que le pasa. Todo esto tiene que ver mucho con el humanismo. Tampoco hay que perder en la formación de los profesionales sanitarios el concepto de enfermedad, que en español sólo tenemos una palabra. En inglés está el disease, el sickness y el illness. Son diferentes. Cada enfermedad nos afecta de una manera o de otra. No hay que perderse las quejas de los pacientes, los síntomas, e intervienen muchas cosas que se adquirirán con la entrevista, con la investigación, con la tecnología. Su abuelo decía que “el médico no debe olvidar que lo que está enfermo es el hombre“. Ser médico es no cansarse nunca de estudiar y tener todos los días la humidad de aprender algo nuevo.

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La medicina es ciencia y es arte. Cerró el Foro Ana Pastor, diputada y vicesecretaria general del PP. Pastor sopesó, como sanitaria que es, que, si tenemos al sistema sanitario que tenemos, “se lo debemos a los profesionales sanitarios“. Aseguró que se ha sabido formar a los sanitarios, con el sistema MIR. Si bien, “hay que ver qué futuro nos espera“. El cambio es imparable y por eso hay que estudiar, se necesitan profesionales que se adapten y tengan conocimientos para los cambios tecnológicos y demográficos que se producen, que hacen que tengamos estructuras preparadas para patologías agudas y no para estancias medias. Hay que aprender a atender a pacientes con pluripatologías crónicas. Con la hepatitis, nunca 850 millones han sido más costoeficientes, porque se ha logrado curar.

El sistema no está preparado para tener una historia clínica compartida. Parte de los problemas de la Atención primaria, es porque el médico no tiene acceso a lo tecnológico ni a la historial total del paciente. Otro desafío es quiénes son los profesionales de hoy, qué modelo quieren de vida. Los desafíos son muy claros, como el de la demografía. Se sigue sin tener un registro de profesionales en nuestro país, por lo que la planificación es una necesidad. Hay que tener en cuenta la edad de nuestros profesionales, el género y la ubicación geográfica. Todos los profesionales necesitan tener un estímulo. Otro desafío es si hay escasez o exceso de profesionales. La Inteligencia Artificial transformará especialidades como la radiología o los análisis clínicos. “Las cargas profesionales nos deben preocupar. La resiliencia es esa capacidad que tiene el médico de asumir lo que le viene todos los días“, pronunció. Se vio en la pandemia y muchos profesionales sanitarios necesitan apoyo psicológico porque han acabado agotados por el sufrimiento que había a su alrededor. Por supuesto, está la formación continua. La carrera profesional va separada del papel institucional en tu centro de trabajo. La Administración se debe preocupar de la formación de sus profesionales. Determinó que necesitamos modelos de formación con enfoques multidisciplinares y énfasis en competencias socioemocionales.Hay además que evaluar la equidad en la distribución de los profesionales.El siglo XXI requiere de una fuerza laboral que sea más versátiles, digitalmente competentes y centrados en los pacientes y en sus necesidades. Los profesionales deben abrazar la adaptabilidad y la innovación.

Clausuró el encuentro Eduardo Díaz-Rubio, presidente de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME).Concluyó que es extraordinario que ese médico del futuro forme parte de un servicio en el que estén los ingenieros. “Es complejo. Los valores en el mundo actual han cambiado notablemente. Es apasionante el ver cómo en el futuro tendremos que transformar cómo seleccionamos a los alumnos que estudiarán una profesión como la medicina“, reflexionó. La tecnología está ahí y habrá que saber utilizarla y cómo habrá que enfrentarse a ella y a la información que se tiene del paciente.

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