¿Cómo ligar de forma respetuosa en la era del ‘sólo sí es sí’?

“Lo del macho alfa que conquista, que siempre tiene que tomar la iniciativa y seducir ha cambiado mucho”, dice Franco Bobatto, de 32 años, y añade: “Las mujeres han tomado un protagonismo muy grande, de poder dar ellas el primer paso y también decir ‘hasta aquí sí y hasta aquí no’, o ‘en este momento sí y en este otro ya no’”. Las reglas de juego invisibles que guiaban las formas en las que se “ligaba” cuando él era un adolescente han quedado obsoletas.

“Si quedo con alguien, espero a que haya buen feeling y a que una cosa lleve a la otra…A que la otra persona ofrezca una señal y sea muy clara. No concibo forzar una situación o a alguien de ninguna manera”, explica por su parte Juan Cerdán Lara, de 39 años.





Con el tema del feminismo los hombres tienen más conciencia; y en algunos casos, miedo de avanzar muy rápido


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Lucía32 años

“Con el tema del feminismo, los hombres tienen más conciencia o, en algunos casos, miedo de avanzar muy rápido, por lo que suelen estar más atentos de leer más a la otra persona y esperar su consentimiento”, dice Lucía, de 32 años, aunque aclara: “Si bien ha habido avances en este sentido, también se han naturalizado cada vez más ciertas dinámicas online que tampoco son buenas”. ¿Cómo es ligar en tiempos del ‘solo sí es sí’, de apps de citas, likes y emojis de fuego?

En la era de la hiperconectividad, intentar conectar emocionalmente con otra persona no es algo sencillo. Para Juan Cerdán Lara, de 39 años, las apps de citas no son una novedad. Lleva usándolas los últimos diez años, en los que ha estado la mayor parte del tiempo sin pareja. “Soy una persona bastante tímida en el cara a cara, en la puerta fría. Nunca ligué en discotecas, en la calle o en el autobús. A mí estas apps me han facilitado mucho la vida”, dice y aclara: “Creo que ahora hemos llegado un punto en el que se contacta con mucha gente pero realmente se puede quedar y profundizar bien poquito”.


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“La irrupción de las nuevas tecnologías ha facilitado que se pueda producir una mayor cantidad de número de contactos. A veces parece que se tratara de un proceso de selección de personal”, explica el psicólogo relacional Enric Soler y apunta: “Vivimos en una sociedad adicta a la inmediatez absoluta, a lo fast, a la idea de estar permanentemente enamorado. Lo queremos todo y lo queremos ya. Pero lo auténtico lleva tiempo de maduración”.



Hoy en día cuesta tanto expresarse emocionalmente que a lo mejor la gente se siente más segura de hacerlo a través del móvil. Yo prefiero el cara a cara


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Ariadna21 años

“Tal vez estoy con un grupo de gente, hay alguien que me interesa y le pido su Instagram o la busco. Es una forma de contactar con ella. Después está el ‘fueguito’, el ‘¿Qué tal?, ¿Qué haces?’, y luego se pasa al plano presencial, de tomar un café, una cerveza o ir a cenar. Para eso va bien. Son nuevas formas de generar el primer contacto. No creo que sean mejores ni peores, pueden servirte o no”, dice por su parte Franco Bobatto.

Aunque pueden ser un buen punto de partida, para él las apps no son el mejor espacio para la comunicación. “Para hablar de cosas serias y profundas, poder plantear límites, buscar consensos o acuerdos, creo que pueden jugar en contra”, dice y añade: “Muchas veces leemos un mensaje de la peor manera posible o le ponemos un contenido que en verdad no tiene. La tecnología nos tiene tan acostumbrados a la inmediatez que a veces interpretamos la respuesta no inmediata del otro como una falta de interés. Quizás no está pendiente del teléfono o necesita una pausa en la interacción. Hay que saber respetarlo. No somos los protagonistas o el eje de su vida”. Él se vincula “de forma no exclusiva” desde hace seis años.

Ariadna Antonio Luis, de 21 años, se siente más cómoda cuando el camino es a la inversa. “Prefiero primero conocer a la persona, luego pasarle mi usuario en redes sociales y seguir hablando por ahí. Y ahí sí que los chicos te contestan, te envían emojis, fuegos y tal. Hoy en día cuesta tanto expresarse emocionalmente que a lo mejor la gente se siente más segura de hacerlo a través del móvil. Pueden hacer ver que les gusta la otra persona sin que les cueste, dándole algún ‘like’ a alguna foto o reaccionando a sus historias”, dice. Ella prefiere el “cara a cara”. “Si me gusta algún chico, no tengo ningún problema en acercarme y hablar”, explica.

Antes las personas se conocían en bailes, restaurantes, espacios de ocio; hoy los jóvenes ligan por Instagram y TikTok. Los procesos de consentimiento cambian porque la forma de comunicarse es muy diferente


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Anaya GuerreiroDinamizadora de talleres de educación sexual en institutos

Mar, de 24 años, nunca ha flirteado a través de apps. “Prefiero quedar de forma presencial. Me gusta más conocer en persona que de forma virtual”, asegura. Aunque Lucía también prefiere conocer gente “en el mundo real”, cada vez lo ve más complicado, “ya sea porque muchas personas de mi edad ya están emparejadas o porque las apps de citas han hecho que la gente ‘encare’ menos”, indica.


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Aunque ha tenido buenas experiencias en el espacio virtual, también se ha llevado varias desilusiones. “Me he encontrado con gente que había mentido en su descripción, que me dejó de hablar de la nada o, más recientemente, que me ocultara que estaba en una relación”, indica y apunta: “Es mucho más fácil mentir o no hacerse cargo detrás de una pantalla. Aunque estas apps pueden ser un buen modo para acceder a un mayor número de personas que están en la misma que tú, muchas veces se impersonaliza al otro y se pierde mucha responsabilidad afectiva”.

machos alfa Abril masculinidad tóxica

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“Mientras que antes las personas se conocían en bailes, restaurantes, espacios de ocio, hoy los jóvenes ligan por Instagram y TikTok. Aquí, los procesos de consentimiento cambian porque la forma de comunicarse es muy diferente”, dice la sexóloga Anaya Guerreiro, que dinamiza talleres de educación sexual en institutos.

Para ella, aunque actualmente los jóvenes tienen mayor acceso a la información, pueden encontrar referentes de “nuevas masculinidades” y tienen más trabajada la teoría del consentimiento, muchas veces se les hace difícil llevarla a la práctica. En España, por ejemplo, “vemos que siguen aumentando las enfermedades e infecciones de transmisión sexual y perpetuando prácticas de riesgo, como quitarse el preservativo en medio de una relación coital. Aún queda mucho por problematizar”.

A los jóvenes, y a la sociedad en general, les falta entender qué implica el consentimiento. Se trata de que la otra persona diga sí porque realmente lo desea; ceder no es consentir


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Emma BaudaisEducadora del Centre Jove d’Atenció a les Sexualitats

“Hay un poco de todo. Aunque nos encontramos con adolescentes que repiten el discurso de ‘Es que ya no podemos ligar’ o ‘Ahora para poder tener relaciones tengo que firmar un contrato’, no son la mayoría. Muchos de ellos entienden que poner el consentimiento sobre la mesa también les beneficia”, asegura Emma Baudais, educadora del Centre Jove d’Atenció a les Sexualitats (CJAS) de Barcelona, que también realiza talleres grupales con adolescentes.

Según explica, “está el miedo a no tener una erección o la presión de tener que tomar la iniciativa. Cuando les explicamos el consentimiento, entienden que no pasa nada con que le digan a su pareja afectiva o sexual, ‘Mira, hoy no me apetece’. Entienden que no tienen que cumplir este rol del semental, que pueden decir, ‘ esto sí o esto no’. Quizás lo que les falta comprender es que el origen de estos malestares son culpa del sexismo y de los estereotipos de género. Para ello, necesitamos que se incorpore la educación sexual integral de calidad en los currículums educativos”.

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Para la educadora, “con los adolescentes hemos dado un paso bastante grande, que es instalar el debate en torno al consentimiento. Pero falta entender, no sólo a los jóvenes sino a la sociedad en general, qué implica realmente. No se trata sólo de que la otra persona diga que sí, sino de que lo diga sólo porque realmente quiere. Tiene que haber un deseo”.

“El sí debe ser entusiasta y rotundo, debe haber un deseo y una emoción de base; si no, es mejor quedarnos en el no. Dar pasos seguros. Ceder no es consentir. El quizás no es un sí. Si hay una duda de por medio, no sigas. Date el tiempo”, señala Anaya Guerreiro.

Informe 2022

El 57,7% de las mujeres ha tenido sexo con otra persona sin apetito o deseo sexual

En el Informe de Juventud en España 2020, aunque tres de cada cuatro jóvenes apuntan que en sus relaciones sexuales han hecho aquello que les apetecía, un 10% indica que ha tenido relaciones sexuales que no habría querido tener y un 8% que ha hecho cosas durante la relación sexual de las que no estaba convencida o convencido y luego se sintió mal, siendo ambas respuestas más prevalentes entre mujeres de entre los 20 y los 24 años.

En un informe del Instituto de las Mujeres del año pasado, de las más de 1.500 mujeres de 18 a 25 años entrevistadas, un poco más de la mitad (57,7%) afirma haber tenido sexo con otra persona sin apetito o deseo sexual, una conducta asociada al placer de la pareja más que al suyo propio. A su vez, un 46 % ha recibido imágenes o comentarios de índole sexual sin su consentimiento a través de las redes sociales.

Ariadna (21):

Ariadna Antonio Luis, de 21 años, se queja de la cantidad de fotos que recibe de gente con la que no ha intercambiado un par de palabras

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“Yo no he tenido ninguna experiencia de este tipo, pero sí que alguna vez me han escrito por Instagram chicos que no conozco y se han puesto muy pesados”, dice Mar, de 24 años. Ariadna Antonio Luis, de 21 años, ha recibido fotos de contenido explícito que nunca pidió. “Lamentablemente muchas veces he recibido fotos sin haber intercambiado ni dos palabras. No entiendo por qué lo hacen, si al final no les ayuda en nada enviar ese tipo de fotos. Cuando me ha pasado esto, he bloqueado o cortado el contacto directamente. Creo que se atreven más a hacer este tipo de cosas virtualmente”, dice.

“Las imágenes que se envían juegan un rol muy importante en la forma en la que los jóvenes ligan. Son una herramienta estratégica”, asegura Anaya Guerreiro, y explica que entre los jóvenes “hay mucho intercambio de fotos por redes sociales antes de conocerse. En las chicas, lo típico que se observa son los morros, mientras que en los chicos es muy común la foto sin camiseta frente al espejo”.

El sexting está muy bien, siempre y cuando las personas establezcan sus acuerdos de forma responsable. Pero mucha gente recurre a ello porque tienen una gran dificultad de gestión emocional de sus impulsos


Hombre haciéndose una foto erótica

Anaya GuerreiroDinamizadora de talleres de educación sexual en institutos

“Es verdad que las fotos son una estrategia. Al final todo el mundo se fija en el físico y más por redes sociales. Está el postureo, las fotos en el espejo o de repente una foto en bikini, ese tipo de cosas son muy comunes”, apunta Ariadna Antonio Luis.

Las ‘fotopollas’ o imágenes explícitas -dice la sexóloga Anaya Guerreiro-, suelen aparecer ya sea de forma prematura, antes de iniciar una conversación, o bien mucho más adelante. “Las envían después de un tiempo de charla con el receptor, porque ven que ya no tienen otros recursos para llegar a la persona o sin siquiera haber hablado previamente, porque tienen una dificultad grande de gestión emocional de sus impulsos”, asegura.

¿Se pueden intercambiar imágenes eróticas de una forma respetuosa? “Es importante preguntarle a esa persona si realmente le apetece hacer un intercambio de imágenes”, dice la experta y añade: “El sexting está muy bien, siempre y cuando las personas establezcan sus acuerdos de forma responsable. Por otro lado, a veces se lleva a cabo el sexpreding, que es cuando se comparten imágenes o mensajes sin consentimiento, que es un delito. En contexto online, también existe el fenómeno del grooming, que es cuando un adulto se hace pasar por otra persona para acercarse emocionalmente al joven y lograr lo que desea”.


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Ella recomienda a los jóvenes no exponer sus partes íntimas sin conocer a la persona y tener bien en claro a quién le están enviando sus imágenes. Para ello, se pueden implementar ciertas estrategias de seguridad, indica, como quedar en un espacio seguro y conocido, con la compañía de un amigo o persona adulta, o hacer una videollamada “desde un espacio neutral, donde no se vean espacios de tu casa, fotos familiares, tatuajes o cualquier otro elemento que pueda ser comprometedor. Es importante chequear si la persona que está del otro lado de la pantalla es quien se espera que sea y si sigue estando esa conexión emocional con ella”, apunta.

Preguntar y escuchar parecen ser la clave para navegar los grises. “Para poder llegar al consentimiento, hay que pasar por una conversación y que pueda haber un espacio para preguntar ‘¿qué te gusta?’, “¿estás a gusto?”, ¿quieres que sigamos?’, para asegurarnos de que el consentimiento realmente está sobre la mesa. Es normal que nos frustre recibir un no como respuesta, pero hay que aprender a gestionarlo”, dice Emma Baudais.

Las señales no verbales nunca mienten. Si estás en una discoteca no hay nada de malo en mirar a una persona. Pero si ves que no te devuelve la mirada o  te pone mala cara, el mensaje es claro…


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Emma BaudaisEducadora del Centre Jove d’Atenció a les Sexualitats

Los “noes” y los “síes” pueden revelarse de distintas formas. “Podemos identificar perfectamente si la otra persona nos desea. No sólo se escucha con los oídos, sino con todos los sentidos. Si escuchas el clima que hay entre ti y la otra persona, te deberían de llegar esas respuestas”, asegura el psicólogo relacional Enric Soler y añade: “Las señales no verbales nunca mienten. Se trata de prestar atención a la mirada, a la expresión facial, a la relajación de la musculatura de la cara, si hay o no una sonrisa, a la posición corporal y la distancia corporal que toma la otra persona respecto a mí. Debemos aprender a mirarla a los ojos e interpretarla”.

“Si tú estás en una discoteca, no tiene nada de malo que mires a una persona. Pero si ves que no te devuelve la mirada, o que te pone mala cara, esto es un lenguaje no verbal muy claro. No es un no con palabras, pero te está diciendo que no con el cuerpo. Tampoco está mal que te acerques a alguien para intentar bailar. El problema es si llegas por detrás y le pegas el cuerpo. Aquí no le das la oportunidad para decidir si quiere bailar o no contigo. O si te acercas y se gira, ya te está diciendo que no quiere hacerlo. Entonces no puedes insistir”, añade Emma Baudais.

“Hay elementos verbales y no verbales que participan en el proceso de consentimiento. En las escuelas, hacemos role plays donde replicamos situaciones reales para que puedan observar la comunicación no verbal, si el cuerpo de la otra persona se va hacia adelante o hacia atrás, si notamos que la otra persona se queda tensa o congelada, su respiración. Son herramientas de aprendizaje muy potentes”, dice Anaya Guerreiro.

Si digo que sí a ir a la casa de alguien, eso no significa automáticamente un sí a acostarme con esa persona. Decir que sí a tener sexo, no significa decir que sí a todas las prácticas sexuales. Haber dicho que sí no es una carta libre para que el otro avance como quiera. Puedo decir que sí a tener relaciones sexuales y de pronto encontrarme con que ya no tengo más ganas. Puedo frenar o poner un límite cuando quiera. “Aunque haya dado un sí, tengo derecho a retirarlo en cualquier momento. El consentimiento tiene muchas escaleras que hay que ir subiendo”, indica la educadora Emma Baudais.

La idea de que comunicarse corta la vibra, el rollo o el romance está muy extendida en la sociedad. Pero lo cierto es que comunicarse sólo es aburrido si piensas únicamente en tu propio placer


Sexo oral

Emma BaudaisEducadora del Centre Jove d’Atenció a les Sexualitats

“La otra persona puede decirte de repente, ‘mira, ya no tengo ganas’, o ‘tenía ganas pero ahora estoy cansada’, o ‘ya me cansé de esto y prefiero que hagamos otra cosa’”, apunta por su parte Franco Bobatto. En su experiencia, “está bien que haya un espacio seguro para poder decir este tipo de cosas, porque muchas veces está ese miedo a que el otro se enoje o se sienta mal. También creo que está bien ir repreguntando. Aunque la otra persona no te lo diga, si de pronto ya no notas las mismas ganas, siempre puedes preguntar ‘¿lo estás pasando bien?’, ‘¿quieres que sigamos?’, ‘¿prefieres que hagamos otra cosa?’. Creo que en ambas partes hay una responsabilidad en este sentido, tanto de comunicar si cambian tus ganas como de abrirle al otro la posibilidad a que lo diga”.

Preguntar o que la otra persona te pregunte si la estás pasando bien puede ser algo sexy. Ese es el mensaje que se intenta transmitir en los talleres de educación sexual con jóvenes. “Puede ser una comunicación liviana, ligera, que se va construyendo pasito a pasito durante toda la relación sexual o sexo afectiva”, dice Emma Baudais.

“La sexualidad en sí es la forma de comunicación más íntima que puede haber entre dos personas. Es un acto comunicativo de gran envergadura”, dice Enric Soler y aclara: “Por supuesto, también podemos hablar para afinar detalles, para proponer, expresar deseos o compartir lo que nos apetecería. Esto no significa que vamos a sentarnos en una mesa a hacer un plano de lo que haremos en la cama, de forma acartonada o artificial”.


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“La idea de que comunicarse corta la vibra, el rollo o el romance está muy extendida en la sociedad. Pero lo cierto es que comunicarse sólo es aburrido si piensas únicamente en tu propio placer. Si le das importancia al de la otra persona, querrás saber lo que le apetece y lo que no”, dice Emma Baudais.

“Cuanto más comunicación hay y más clara es, hay más placer, que es lo guay del sexo”, dice por su parte Mar Servat, de 24 años. Ella lo pudo comprobar en primera persona. “Tengo muy poca experiencia en lo relativo al sexo. He estado con un chico con el que el sexo era increíble porque, a la mínima que no nos gustaba algo, nos lo decíamos. También nos decíamos cuáles eran nuestras preferencias y cómo podíamos mejorar lo que hacíamos para que el otro disfrutara más”, explica y añade: “Al final el sexo es mejor si sabes lo que le gusta a la otra persona. No hay que tener miedo a preguntar, porque es la forma para poder mejorar las cosas y eso hará que puedan disfrutar más los dos”.

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“La comunicación es básica. En general, yo soy más sutil que directo, pero siempre depende de quien tenga delante y de cuán sencillo sea comunicarme”, dice Juan Cerdán Lara , de 39 años, quien añade: “A mí me gusta que una persona sea respetuosa, que le importe qué es lo que tú necesitas y que sepa expresar bien qué es lo que necesita. Cuando eso sucede, es muy fácil”.

“Para dar el paso de conocer a alguien, necesito ver que hay un respeto y una comunicación buena y clara para que no haya ningún tipo de malentendido”, dice por su parte Ariadna Antonio Luis.

“Con las personas con las que me vinculo, veo una honestidad y una asertividad de, a la hora de conocer a alguien, poder decirle: ‘Estoy en esta situación, esta es la disponibilidad emocional o las ganas que tengo’, que más adelante pueden cambiar o no. Hay una comunicación mucho más directa y sincera que facilita las cosas y hace que podamos saber si estamos o no en la misma sintonía”, indica Franco Bobatto. Para él, “eso de decirle a la otra persona lo que yo creo que quiere escuchar, impostar, forzar coincidencias o gustos en común sólo por querer tener sexo o para atraparla de alguna forma u obtener algo a cambio, me parece poco ético y manipulativo. Ya no va más”.

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