“Slowbalization”, globalización a cámara lenta
Economía

Comercio

Se trata de una tendencia que surgió a raíz de la crisis financiera de 2008, pero que se ha acentuado a causa de los últimos acontecimientos y tensiones geopolíticas, que empuja el comercio hacia la fragmentación y regionalización y que amenaza con socavar nuestro estado del bienestar

A.P. Møller-Maersk, uno de los mayores grupos mundiales de transporte marítimo de mercancías, anunció la pasada semana su intención de despedir a 10.000 trabajadores. El motivo: la fuerte caída de la actividad del grupo danés que se ha traducido en un retroceso significativo de sus ingresos y sus beneficios en el tercer trimestre del año. Este no es más que un episodio más de una larga lista, que está poniendo en serios aprietos a un sector, que asiste a un desplome de la demanda y también de los precios en un claro contexto de desaceleración del comercio mundial. Y como muestra, un botón. El coste de los fletes ha disminuido un 75% desde el pico máximo alcanzado en 2021.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) pronostica a en su último «World Trade Report 2023» un estancamiento de los intercambios comerciales en este año. Así prevé apenas un avance del 0,8%, frente al 1,7% estimado en su anterior análisis, correspondiente al mes de abril. Una cifra muy alejada también del 3% registrado en 2022. Asimismo, la institución alerta de la caída del indicador del grado de apertura del comercio, es decir, la suma de las exportaciones e importaciones de todas las economías en relación con el PIB mundial-, y que sirve como termómetro del grado de globalización, una disminución que se está haciendo más evidente en economías como la china o la india.

Se trata de una tendencia que viene de lejos, pero, ahora, se está intensificando. La importaciones y exportaciones sobre la economía alcanzaron un pico máximo en 2007, ascendiendo su peso hasta el 61%. Desde entonces, según constata la propia OMC, la proporción sobre el PIB se ido reduciendo. La crisis de 2008 dio el pistoletazo de salida a una nueva etapa en el proceso de globalización, en la que todavía estamos inmersos, y que «The Economist» bautizó como «Slowbalization», término que, posteriormente, ha sido acuñado por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

¿Qué es la «Slowbalization»? Como su propio nombre indica vendría a ser una desaceleración de la globalización. Un fenómeno que, de persistir, amenaza con socavar el modelo de mercados abiertos, interconectados y de prosperidad compartida, que representa la globalización, cuyos beneficios, por otro, se comienzan a cuestionar, dando lugar a un mundo más fragmentado y menos integrado, tal y como ha advertido la OMC.

El FMI considera que esta mirada hacia el interior no es un buen presagio, y teme de los efectos que pueda tener sobre el sistema económico que surgió de la Segunda Guerra Mundial, y que ha conducido a un modelo de bienestar sin precedentes. Y es que en los últimos años la desaceleración de globalización se ha acelerado, pudiendo incluso iniciar una etapa de retrocesos, tal y como advierten los expertos.

El recrudecimiento de las tensiones comerciales entre las dos principales economías del mundo, Estados Unidos y China; la invasión rusa de Ucrania, que ha alterado de forma generalizada los flujos financieros, de alimentos y de energía en todo el mundo, y la pandemia, que ha hecho que se preste más atención a la seguridad económica y a mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro, ha situado al comercio en un nuevo escenario.

Más restricciones

A la par de esta desaceleración, la OMC ha constatado un aumento de restricciones, así como de la proporción del comercio afectado por las sanciones comercialesy un mayor porcentaje en las exportaciones mundiales de productos potencialmente «cuello de botella».

Una nueva fase que obliga a repensar el mundo surgido de los Acuerdos de la Conferencia Monetaria y Financiera de Bretton Woods, que instauró las bases del capitalismo contemporáneo hace ya 80 años.

A medida que algunos países emergentes han ido ganando peso en la economía mundial, también lo ha hecho el cuestionamiento de este orden surgido de la Segunda Guerra Mundial, poniendo en tela de juicio la hegemonía hasta ahora ostentada por Estados Unidos y de las democracias liberales. El resultado ha sido una escalada de las fricciones geopolíticas y una fragmentación y ralentización del comercio. «Aún no hemos llegado a un alto grado de desglobalización. Los datos indican que las mercancías se siguen produciendo mediante cadenas de suministro complejas. No obstante, la amplitud de esas cadenas puede haber alcanzado su nivel máximo», advierte el economista jefe de la OMC, Ralph Ossa.

José María Cubillo, profesor de Marketing Internacional de la Universidad CEU San Pablo, considera que las tensiones entre las grandes plataformas geopolíticas están produciendo un reajuste en el tablero mundial. «La globalización ha traído enormes beneficios. La especialización productiva nos ha llevado a cotas de bienestar sin precedentes, pero, desde la crisis de 2008, se ha producido no ya tanto una desaceleración como un estancamiento, en el que todavía estamos inmersos. No sabemos aún hacía dónde va a ir ni cuál será la siguiente etapa, pero corremos el riesgos de que incluso se produzca una involución», asegura Cubillo.

Pero no todo han sido ventajas. La globalización también ha traído aparejados riesgos, como la desindustrialización de las grandes economías occidentales. La principal consecuencia es que ha aumentado enormemente la dependencia de terceros países, que no siempre son socios fiables, cuyo claro ejemplo es Rusia, que ha puesto en un auténtico brete a la UE con el suministro de energía, pero que también se ha visto en el desabastecimiento de mascarillas durante la pandemia o, posteriormente, en los fallos en las cadenas de suministro, que se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, en la carencia de chips.

Alicia Coronil , economista jefe de Singular Bank, mantiene que hoy existen políticas menos favorables a la apertura comercial, tendiendo a un repunte del proteccionismo, en lo que sería una nueva vuelta de tuerca de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, que se inició en 2018. « Se está imponiendo un modelo de “Homeland Economics”, de creación de cadenas de valor más resilientes y encaminadas a garantizar el suministro», señala Coronil.

Cambios todos estos que, en muchos casos, están conduciendo a un mundo más empobrecido y con más inflación. «Se está produciendo un reajuste de los pesos en el tablero geopolítico, que amenaza nuestro comercio y el nivel de bienestar. Hay un incrementos de la trabas arancelarias, por lo que lo cercano toma fuerza por los menores costes aparejados. Sin embargo, la fragmentación comercial y la multipolaridad hace que se pierdan las oportunidades de las grandes economías de escala, de producir en masa y, por tanto, los precios se encarecen», añade Cubillo.

Los grandes beneficiados de todo este proceso son todos aquellos países y mercados emergentes que tiene pactos con las grandes economías, como México, Vietnam, India o Turquía, donde los costes de producción son sensiblemente más bajos y hay menos trabas a la producción. Asimismo, se benefician los sectores en los que actualmente hay una demanda voraz, como la minería crítica o la energía. En un mundo en tensión, como no podría ser de otro modo, también despuntan con fuerza sectores como la ciberseguridad o la defensa. «Es paradójico que en el momento en que tenemos mayores niveles de tecnología, que deberían conducir a cotas más elevadas de interconexión, la ciberguerra lleva a lo contrario, a mayores niveles de protección y, por tanto, de proteccionismo», expone Cubillos.

Retos para la UE

Por ello, las economías occidentales, especialmente la Unión Europea, que paulatinamente ha perdido peso en el PIB mundial en favor de Estados Unidos y China, tiene por delante retos muy importantes, sobre todo, para seguir manteniendo su nivel de bienestar. Y es que, a juicio de Coronil, el proceso de reindustrialización y de transición energética ha provocado un aumento de la regulación, especialmente en Europa, que está favoreciendo a otros países más seguros y mas cercanos, que están decididos a tener empresas competitivas. «El entorno de regulación que se ha creado en torno a las economías avanzadas supone un frenazo a la globalización, con riesgos crecientes, como que el comercio está mucho más regionalizado. Los impuestos a las emisiones de CO2, por ejemplo, va a fomentar que se fabrique por proximidad. Si no hay ajustes en la esta regulación, en la fiscalidad o en el mercado laboral, Europa puede perder competitividad, perjudicando su comercio internacional, en favor de países como México o la India, naciones que tienen mucha más facilidad para adaptarse a los cambios que vienen», advierte Coronil.

Ante este riesgo evidente de fragmentación y regionalización del comercio, es necesario que la UE tome adecuadamente posiciones en la región de Asia- Pacífico, que vuelva a mirar a América Latina y que gane de nuevo influencia en África. «El proyecto de la UE es único, pero hay visiones contrapuestas dentro de los estados miembros y una crisis de liderazgo que le está perjudicando. Hay que rediseñar el estado del bienestar y adaptarlo a la realidad que viene porque ni el patrón demográfico ni el contexto tecnológico es el mismo que el recién acabada la Segunda Guerra Mundial. O se hacen bien las cosas, o Europa será muy vulnerable lo que pondrá en peligro su estado del bienestar», concluye Coronil.

En definitiva, vamos hacia un modelo de polarización internacional, y hacia posiciones en las que se busca el conflicto. Una Guerra Fría que, en realidad, nunca se terminó de resolver. La globalización se mueve ahora a cámara lenta o a paso de caracol, según se prefiera, adentrando la economía en un nuevo paradigma del que aún se desconocen las consecuencias, por lo que lo mejor es estar preparados.

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